Love and its opposite es el título del último álbum de Tracey Thorn (Everything but the girl).Grabado en Berlín y Londres, con la producción de Ewan Pearson, contiene 10 canciones, 8 temas nuevos y 2 versiones: "Come on home to me" de Lee Hazlewood, y "You are a lover" de The Unbending Trees.Sin nada que demostrar a estas alturas, ya solo graba cuando le apetece, y en sus propios términos. Su intimista tercer trabajo como solista entronca con sus primeras grabaciones, aunque en sus nuevas canciones habla de vivencias recientes, sobre todo de quienes le rodean.
Y es que Tracey ha vuelto en cierta manera a sus orígenes. No a los de los míticos Marine Girls, su primera banda, sino a los EBTG de los años '80. A discos como "Baby, the stars shine bright" o "Idlewild". La cadencia de sus canciones unido al tono algo fatalista del disco me recuerda a, quizás, la mejor época del dúo. Y es que también deja algo de lado la última etapa de electrónica-machacona-espiral en la que se habían metido ambos por cosas de modas que vienen y van.
Sólo en el tema "Why does the wind?" se deja ver esa inspiración digital. Pero al final lo que perdura son las buenas canciones, atemporales y sin complejidades, en este caso con los divorcios como nexo de unión de todos los temas, y con ese aire enrarecido que tal situación debe hacer sentir a quienes lo sufren. En temas como "Kentish town", "Singles bar", "Oh! The divorces" o "You are lover" se nota clarísimamente esa ambientación. Sólo en un par de cortes como "Hormones" o "Why does the wind?" la relación parece querer dar algunos últimos coletazos de rabia y desesperación, pero completamente inertes. Esa sensación se pierde bajo el peso del resto de canciones del disco.SHANGAY EXPRESS: ¿Decidiste conscientemente prescindir de los ritmos de baile esta vez?
TRACEY THORN: Quería hacer un disco realmente 'de solista', y eso implicaba que debía componer yo sobre todo, así que cogí la guitarra y empecé a hacer canciones. Mi intención era dar forma a un álbum sobrio y minimalista, que llamase la atención por ese motivo.
S.E: En Love And Its Opposite hablas de parejas cercanas a ti en crisis, de divorcios... ¿Qué hubiera ocurrido si todos tus amigos hubieran pasado por una época de felicidad conyugal?
T.T: ¡Es que me preguntas de qué escribiría si el mundo fuese un lugar distinto! [risas]. Lo cierto es que nunca ves que las parejas que tienes a tu alrededor vivan felices sin más, siempre hay algo de drama y tensión en el ambiente, así que nunca me falta la inspiración.
S.E: En este caso tu marido, Ben Watt, se limita a publicar tu disco. ¿Ha sido muy distinta la situación comparada con cuando grabáis juntos como Everything but the Girl?
T.T: Cuando Ben y yo hacemos discos juntos compartimos las decisiones creativas, mientras que cuando grabo sola tengo mayor independencia. Ha estado bien que Ben se incorporase cuando el disco estaba terminado, para ayudarme con la promoción. Él sabe perfectamente lo que haré y lo que no, con lo cual no necesita que le explique nada.
En realidad, casi cualquier disco de los que ha grabado hasta ahora, dentro y fuera de Everything But The Girl, podría haber llevado el título que le ha dado a su tercer álbum en solitario,
el segundo después de un parón indefinido del dúo que tiene muy mala pinta. Pero este alcanza verdaderamente la categoría de conceptual al reflejar como pocos discos en la historia del pop la crisis de los cuarenta. Tracey cuenta que muchos de sus amigos se han divorciado y que eso la ha inspirado, si bien ella acaba de casarse con Ben Watt, su pareja profesional, tras casi treinta años de noviazgo. Da igual, casado, soltero o divorciado se sufre lo mismo. 





